Crónica: Skulls of Metal – Redescubriendo el SKULLS OF METAL

Con el festival más longevo de España era la oportunidad perfecta de volver a la realidad, un festival con muchos cambios, estrenando ubicación, y fecha. Dichos cambios han sido valorados de manera positiva por los asistentes, alejando el calor veraniego, y cambiando a un pueblo con un recinto ferial de grandes dimensiones con capacidad para 1400 personas, con un escenario amplio y todas las comodidades.

Nuestro compañero José Emilio era también fotógrafo oficial del festival, así que llegamos muy pronto al recinto, donde pudimos asistir al final de las pruebas de sonidos y dar una vuelta por los puestos de merchandising, donde encontramos, entre otros, las novelas de nuestro “thrashtocado” favorito, Wesker, más feliz que una perdiz.

WAR DOGS

Abre el festival la joven banda alicantina WAR DOGS. El cuarteto ofrece al público ya numeroso una interesante mezcla de heavy/speed metal muy bien equilibrada. WAR DOGS está presentando su disco debut, Die By My Sword, una ópera prima que deja entrever un enorme potencial.

La banda ofreció un set sólido musicalmente impecable, pero la falta de conciertos se ha dejado notar, ya que la banda estuvo muy estática en general. No ha impedido entregar unos grandes temas como The Sharks, Inmortal’s Lament y Wings of live. En un concierto tan corto supieron entregar lo mejor de la banda, la cual estaba dejando más que satisfecho a la asistencia. Tuvieron también tiempo para presentar, Vendetta, un tema adelanto de su próximo disco. Remataron el concierto con To Live to Fight Another Day, tema fantástico que encadenaron con una versión electrizante de Ram It Down de JUDAS PRIEST.

Una actuación redonda, de unos chicos que con un poco más de soltura en el escenario debería de conseguir hacerse un nombre en la escena speed heavy nacional. A mí me han encantado.

INJECTOR

Aunando potencia desde la apertura con WAR DOGS, Cartagena invadió el festival con una de las más prometedoras bandas del thrash metal nacional, INJECTOR. La gente sabía quiénes eran y, por supuesto, lo que iban a ver. Más que el color verde chillón de la guitarra de Dani, lo importante era ver cómo el cuarteto murciano exprimía un setlist dedicado a su último disco, Haunt of the Rawhead, que hizo botar huesos y músculos por doquier. Da igual a quién miremos, sea Danny, Aníbal o Mafy, todos tienen un propósito en común. Dar un espectáculo que suene cual martillazo sobre una chapa de acero. ¿Lo consiguieron? Una pregunta estúpida si atendemos al setlist que dejaron tras de sí con la cabeza bien alta.

Era de esperar que los riffs de March to Kill resonaran en los altavoces y que aparecieran grietas en las estructuras adyacentes. Presentado como el primer single de su reciente trabajo, los primeros moshpits aparecieron de la nada. No hubo que invocar al público ni alentarlo, ¡ni mucho menos! Aunque no sean al cuadrado, ambos guitarristas se complementan para crear un ambiente digno de la Ciencia Ficción, como sucedió en Unborn Legions. Puede que hablemos de solos, ritmos, breaks… Lo hacen de una manera tan coordinada que parece no haberles afectado la pandemia en los ensayos. No obstante, no todo fue calidad moderna, sino que también se repasaron algunos puntos de sus otros trabajos, fueran Black Genesis o Stone Prevails.

Siguiendo una estela de los antecesores, Oppressive Force, del segundo álbum, tronó para seguir con Into the Black, el cual presenta unos toques groove que perfeccionan las técnicas del thrash moderno puro. Lo más impresionante, técnico e inesperado fue la versión del fabuloso tema Practice What You Preach, joya thrasher de TESTAMENT en plena época dorada clásica del dúo Skolnick/Peterson. El público lo tomó de una forma tan generosa que faltó que volasen los dientes y los ojos en los brutales moshpits. Arropando al ambiente sin perder calidad, el sonido cartaginense retumbó con UTLOA, dando paso a otros aperitivos del nuevo álbum, Rhythm of War y Feed the Monster.

El cuarteto no se iba a olvidar de sus inicios en la industria musical, a lo cual respondieron con Enemy of the Sun, el tema que abrió su primer disco y dándoles forma como banda incipiente. Por último, Dreadnought Race otorgó pogos sin tesón, dejando claro que la banda no iba a permitir irse de rositas e impune al público que les ovacionaba; algún puñetazo, patada o empujón indirecto tenía que salir. Todo fue genial con INJECTOR, ¡no falló nada de nada! Dentro de las bandas nacionales, los que mejor supieron captar el regreso de los conciertos presenciales, ¡sin duda alguna! La despedida fue tan amarga que no había manera de hacerles bajar del escenario. En especial, a Mafy, quien entregó el 200% de su habilidad musical a cada tema interpretado (alguno entre el público estuvo a punto de llamar a la Guardia Civil, al confundirlo con un ovni volando por el escenario). Y si  me quedo corto, también hay que reconocer a Aníbal, que el pobre se dejó las manos en la percusión; ¡que alguien le regale un spa, joder!

TYTUS

Sobre las ocho y media, con el sol caído y las melenas pidiendo más guerra, la primera banda internacional subió al escenario. Bajo el nombre de TYTUS y provenientes de Italia, descargaron un setlist de casi una docena de temas donde saltaron entre sus dos álbumes, Rises y Rain After Drought. El primer bocado musical, Fistful of Sand, es una prueba de lo que nos aguarda en unos pocos meses, un álbum de estilo speed metal clásico con muchos toques de NWOBHM. A pesar de ser casi desapercibidos por el público, al contrario que otras bandas del festival, dieron un buen directo que no dejó indiferente a nadie.

Se les veía cómodos y adecuados, haciendo delicias en su público fanático y nuevos seguidores. La brillante voz del frontman, Ilija, combinaba muy bien con el estilo que nos ofrecían, muy demostrable en temas como Our Time is Now que hizo bailar a los presentes como si fuera un concierto de los años dorados del metal del siglo pasado. Sinceramente, me gustaría mencionar al bajista Markey, a quien se le veía tan contento y dispuesto a sus cuatro cuerdas que me pareció, de todo el grupo, el más carismático. Aunque tuvieron problemas con retrasos de merchandising y marketing, eso no les impidió abrir la velada mundial del festival, que empezó fuerte gracias a ellos. La dedicación a los asistentes les convirtió, por así decir, en una de las agrupaciones más coreadas del evento.

PRESTIGE

La noche cayó sobre las diez y un ambiente gélido cobró vida entre el público. Una bandera se alzó bajo el nombre de PRESTIGE. No se trata de aquel carguero que dejó Galicia envuelta en oscuridad viscosa y prehistórica, sino de la historia del thrash metal finés. Escandinavia es una mina de oro de bandas de metal, pero Finlandia posee carencias en el metal extremo. Por ello, el cuarteto thrasher conformado por Aku, Ari, Jan y Matti nos demostró que hay mucho calor latente dentro del frío europeo. Mediante un pasado dorado, el regreso de la banda se conformó en conciertos recientes y un nuevo álbum que dejó el listón tan alto como antaño, Reveal the Ravage. Al encenderse los amplificadores y sonar los primeros riffs, el hielo quebró en una ola de calor intensificada por los primerizos moshpits que no tenían fin.

Era evidente que PRESTIGE iba a hacer un recorrido por su trayectoria profesional, ¡y no defraudó! Desde sus comienzos en la década de los 90’ Attack Against Gnomes, tronando It’s Over como máximo referente hasta los acordes más headbangueables de Parasites in Paradise, la banda dio un repertorio que no envidió a los más incipientes temas modernos, como los tremendos singles Exit, You Weep, Innocent o el melódico Burn my Eyes, donde la nostalgia del old school se hizo notable. Hay que reconocer que, para Finlandia, España es un país de críos, lo cual se tradujo en el fantástico juego que Aku, muy simpático y gentil a las cuatro cuerdas, animó al público a seguir las directrices de un patio del recreo. ¡Ésa es, justamente, la esencia del thrash metal clásico! Entendemos de velocidad, agresividad, solos afilados y distorsiones… Pero, ¿dónde queda la diversión que se desprende del metal extremo? ¡No respondáis, por favor! Acudid a un concierto de PRESTIGE y sabréis la respuesta de inmediato; si salís vivos, ¡claro está!

En la percusión, dándolo todo en el escenario, Matti no dejaba caja, bombo o pedal sano. Su técnica era tan perfecta que parecía haber tocado en alguna gran banda. ¿Os suena KORPIKLAANI? ¿¡vaya cambio!, ¿eh? Pasar del folk metal al thrash metal no es de humanos, así que ya tenéis más razones para verlos. El sonido general quedó tan bien que no había forma de ponerle pegas a la actuación, como si Jan o Ari supiesen qué era lo que necesitaba el entregado público. Si le sumamos el carisma, derroche de genialidad y entrega al festival, podemos decir que la banda visitará España más veces, ¡y no lo digo yo, sino ellos! Para mí, thrasher empedernido, verlos por segunda vez es un placer que no puedo reservarme.

Si algo más tengo que resaltar de ellos, es la continua presencia que dieron en todo el recinto, fuera en el escenario, la barra o el merchandising. Allá donde posases la vista, uno de los integrantes veías con una felicidad inigualable. No debió acabar el concierto, ¡no sin una foto final donde me siento orgulloso de aparecer junto a una banda de tanta calidad y thrashería!

SCANNER

Si con cada banda había subido la intensidad del concierto, no fue distinto con SCANNER. Saltaron al escenario y pareció que se había subido el volumen del equipo al máximo. 

La banda liderada por Axel “AJ” Julius demostró en todo momento porque eran los cabezas de cartel del evento. Si hasta el momento las bandas que habían pasado sobre el escenario habían ido conquistando y arrasando la audiencia, SCANNER sentó cátedra de que debía ser un concierto de heavy metal. Ocuparon el escenario a las mil maravillas, intercambiando puesto, utilizando cualquier rincón del mismo. 

De la formación que lanzó en 2015 su último largo, The Judgment, permanecen junto a AJ,  Efthimios Ioannidis el vocalista y Jonathan Sell al bajo (aunque salió un tiempo de la banda y volvió a incorporarse), siendo el guitarrista Stefen Weber (Ex AXXIS) la última incorporación. Era el primer concierto post pandemia de la banda, y no se notó en absoluto sobre las tablas. El grupo estuvo compenetrado y como dije anteriormente supo ocupar perfectamente el escenario como si hubiera dado su último concierto el día anterior.

Musicalmente, fue espectacular, heavy metal con toques power metal de buena factura, riff y punteos melódicos, junto a una voz y estribillos épicos. El setlist presentado ha dado un repaso a toda su carrera haciendo hincapié en el último trabajo con cuatro temas repartidos en puntos estratégicos del show, al igual que los temas de su debut Hypertrace de 1988. Tengo que reconocer que los temas antiguos en directo suenan muy actuales y más potentes que en la versión de estudio.

El momento cumbre a mi gusto fue Buy or Die, una pieza increíble, con ese estribillo labrado para el directo y que se presta a la interacción con el público, quien durante la actuación estuvo llevando en volandas a los alemanes. Ese tema abría la traca final con Warp 7, Puppet in a String para rematar con Across the Universe, otro tema que ha mejorado con los años, ganando en intensidad y que me dio la sensación que la velocidad también era un poco superior, pero puede ser solo una sensación mía.

Se despidieron de una audiencia jubilosa y derrotada por tal despliegue de heavy metal. Con esta actuación han ganado nuevos fans, y el primero de ellos un servidor.

BALMOG

Tras tanto brillo, el recinto se tiñó de rojo con la llegada de BALMOG. A pesar de la hora tardía el público siguió al pie del cañón para asistir a un señor bolazo de los gallegos donde presentaban su último trabajo Eve. No hace falta ser un amante del black metal para saborear dicha actuación rica en atmósferas.

Realmente no sé qué temas han tocado, y realmente fue lo de menos. Los poco más de 40 minutos de su actuación fueron como una misa negra que trasciende la música para convertirse en un viaje interior. El arte de BALMOG es mezclar los riffs y ambientes típicos del black metal con momentos más livianos acercándose y jugando con el heavy metal tradicional. Era ya muy tarde, pero el público seguía en pie, y más fuerte que nunca, aporreando las vallas que amenazaron varias veces de echar por tierra el equipo de sonido colocado delante del escenario. 

BALMOG es un ente abrupto, y si en sus entrevistas no dudan en explayarse, en directo se limitan a tocar e interactúan muy poco, entrando en un éxtasis musical y sumergiendo a todo el público en los oscuros y lóbregos ambientes que la banda despliega en directo. A más de uno de los presentes el final les llegó de golpe. como una bofetada en la cara que los despertó de su trance de forma súbita. Muy pocos se creyeron que había terminado, esperando que la banda soliese a rematar su actuación con un nuevo tema. Pero la espera fue inútil. Como un nuevo adepto más, su show se me hizo corto, y me hubiera gustado continuar el viaje un poco más. Pero los espíritus decidieron retirarse y dejar a los presentes boquiabiertos y con ganas de volver a verlos.

En resumen, todo un éxito tanto por las actuaciones como por la organización que ha sembrado la semilla que podría sacar el festival más longevo de España del underground para llevarlo a nuevas metas mucho más altas. Sin duda el cambio de ubicación fue todo un acierto. Su cercanía a Baeza mejoró sin duda las comunicaciones, el gran escenario y el buen equipo fueron un gran regalo para todos los asistentes, y la mejora en las infraestructuras hicieron que los retretes prefabricados, y el duro sol de agosto, fuesen un lejano espejismo del pasado.

Eso sí una cosa quedó intacta y fue el espíritu del festival, perfecto para descubrir nuevas bandas con un gran futuro y viejas glorias del pasado que en breve volverán a dar mucho que hablar. Y ante todo el buen ambiente tanto por parte de la organización como del público.

Gracias a la organización del festival por cedernos las fotos obras de José Emilio Paqué (Foto finnish de SCANNER por Unai Endemaño).

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