Tras unas pocas horas de tregua para el cuerpo, regresábamos a Vicálvaro, a esa pequeña catedral del directo llamada La Revi Live, con la certeza de que la noche prometía algo más que decibelios: prometía verdad. Porque cuando uno persigue la buena música, no busca solo canciones; busca ese instante en el que todo encaja y el ruido se convierte en emoción.







