Crónica: MEGARA + ASTRAY VALLEY ¡Feliz Año Cero! (Madrid 13/03/26)

Un viernes 13 de esos que arrastran supersticiones como cadenas oxidadas. Pero en Vicálvaro, la mala suerte se quedó en la puerta. Dentro, lo que se respiraba era otra cosa: electricidad, distorsión… y la promesa de una noche que iba a rugir.

La cita tenía nombre propio: MEGARA presentando Año cero. Y como aperitivo, los barceloneses ASTRAY VALLEY, a quienes ya había visto en esta misma sala dejando huella. Su presencia en el cartel no era casualidad: era una jugada ganadora.

Sin demasiados rodeos, tras una intro envuelta en humo —una constante casi ritual en la noche— arrancaron con Opium, ese tema que en las últimas semanas ha ido encendiendo YouTube como una mecha corta. El sonido acompañaba, sólido, y esta vez con bajista en escena, incluso sacrificando una guitarra en el altar de la contundencia.

Clau no canta, devora el escenario. En Darkest Times lo dejó claro: hay madera de referente en la escena metalera femenina nacional. Synthetic Heart convirtió la sala en un muro sónico, con guitarras afiladas y unos screams que no pedían permiso, simplemente irrumpían.

Ya fuera del foso, el sonido ganaba cuerpo. Pray for the Devil se transformó en un pequeño himno compartido entre fieles y recién llegados. Y cuando Crystallized Soul y Your Skin marcaron el cierre, la sensación era inequívoca: mejor que la primera vez… y con ganas de verlos desplegar todo su arsenal en un set completo.

Setlist

Intro

Opium

Darkest Times

Synthetic Heart

Pray for the Devil

Crystallized Soul

Your Skin

Con el escenario aún caliente, apareció Axell, hijo de Robert (guitarrista de MEGARA), para defender un par de temas en solitario. Lo curioso no fue la actuación en sí, sino la reacción: buena parte del público coreaba las canciones como si fueran clásicos… y el final derivó en una lluvia de ropa interior que rozaba lo surrealista. Rock en estado puro, con ese toque caótico que no se puede fabricar.

Las luces cayeron y el ambiente mutó. El cuerpo de baile irrumpió con estética robótica, como si una inteligencia artificial hubiera decidido tomar el control de la narrativa. Y entonces sí: MEGARA.

Karma abrió fuego con una Kenzy desatada, magnética, sosteniendo el caos con una sonrisa afilada. El sonido, eso sí, no alcanzó la nitidez de otras ocasiones: algo más bajo, menos definido… y con el humo convirtiéndose en un personaje más, a veces demasiado protagonista.

13 razones mantuvo el pulso, y el ritual continuó cuando apareció la mesa en escena. Los seguidores ya sabían lo que venía: Bienvenido al desastre. Conejo, reina histérica, máscaras… y una performance que terminó con la mesa pagando las consecuencias, como siempre. Hay tradiciones que no fallan.

El concierto avanzaba entre coreografías intermitentes del cuerpo de baile —no siempre fáciles de ubicar en cada tema— y una sucesión de himnos que encendían a la sala: Hocus Pocus, Saturno, 11:11, Vértigo. El público no solo escuchaba, participaba. Cantaba, saltaba, se dejaba arrastrar.

Oniria y Boom Boom Bah mantuvieron la fiesta en alto, mientras Dime quién hay e Involución —con coreografía incluida— reforzaban ese universo tan particular que la banda ha construido.

Uno de los momentos más teatrales llegó con Oxígeno: A.U.R.A., la inteligencia artificial del show, «saboteó» el concierto con un discurso amenazante que añadió un toque distópico delicioso. Tras la pausa, Raquel se marcó un solo de batería que, como ya es tradición, coquetea con ritmos ajenos al rock, rompiendo moldes.

El tramo final fue un descenso controlado hacia el clímax: Truco o trato, Cicatrices, Arcadia… y el cierre con Año cero, poniendo el broche a casi dos horas de intensidad, luces, sombras y espectáculo.

Setlist

Karma

13 razones

Bienvenido al desastre

Estanque de tormentas

Del revés

Hocus Pocus

Saturno

11:11

Vértigo

Oniria

Boom Boom Bah

Dime quién hay

Involución

Oxígeno

Solo batería

Truco o trato

Cicatrices

Arcadia

Año cero

Lo de aquella noche no fue perfecto. Hubo detalles técnicos, exceso de humo, pequeños desajustes. Pero también hubo algo más importante: conexión. De esa que no se mide en decibelios sino en piel erizada.

Dos bandas, dos propuestas con identidad propia, y una sala que, por unas horas, dejó de ser un lugar para convertirse en un pequeño universo paralelo. Y al final, como siempre, queda lo esencial: ganas de repetir. Porque cuando el metal suena así… el viernes 13 pasa de maldición a ritual.

Compartir:

Deja un comentario

COPYRIGHT © 2020 | THE METAL FAMILY | ALL RIGHTS RESERVED | JKG DESIGN