Crónica: MYRATH (Sevilla – 23/10/26)

Queda poco más de dos meses para que acabe el año 2026 y he vivido en la segunda mitad del año dos conciertos tan deseados como disfrutados, y hacía mucho que no me ocurría algo así.

El segundo al que me refiero es al de la banda tunecina MYRATH del pasado 23 de octubre. No los había podido ver en vivo y estaba deseoso de que llegase la fecha. Venían como teloneros la banda húngara ROSE OF THIEVES y desgraciadamente me los perdí por temas personales imposibles de solucionar, y todos los comentarios de amigos y conocidos a quienes pregunté coincidieron en opinar lo mismo; sonaron muy bien y su folk rock caló en el público de MYRATH, logrando ambientar el casi lleno que se registró en la sala.

Los tunecinos se han convertido en una de mis bandas fetiche, como suele decirse, desde que los conocí con su primer disco, aquel magnífico Hope de 2007.

Me presenté en la sala expectante por comprobar si lo que había escuchado de sus directos era verdad, y es que en el caso de que no fuera cierto, la decepción sería mayúscula. A primera vista, viendo el escenario, la cosa prometía. Aunque en sala Custom no hay un escenario para demasiadas florituras escénicas, la banda procuró ocupar la casi totalidad del espacio con unas lonas con imágenes de mosaicos árabes, tanto en la parte del fondo como en los laterales, actuando como marco de la escena. La batería fue colocada en el lado izquierdo y el teclado en el derecho, con la parte central libre de paso.

Cuando tuve a la banda ante mis ojos, todos mis sentidos se dirigieron y concentraron en, por un lado, hacer las fotografías pertinentes durante las tres primeras canciones y posteriormente, desde una posición elevada que me permitía una visión más clara del escenario al completo, intentar empaparme de lo que vería y escucharía por los altavoces en breves instantes.

Las sensaciones que siento cuando escucho los sones de The Funeral, que abren su último disco, Wilderness of Mirrors, son indescriptibles. Es sencillamente maravillosa esa introducción de aires africanos que enlaza con el riff principal y la portentosa y carismática voz de Zaher Zorgati para abrir la actuación de forma espectacular.

Visto y no visto.

«¡Mecachis!», pienso…

No he podido disfrutar del tema todo lo que hubiera querido por hacer las fotos, aunque entre disparo y disparo me permito pararme breves segundos en ver la reacción del público. Está clarísimo. MYRATH han caído de pie en el panorama metalero internacional por méritos propios. Han conquistado corazones y mentes a lo largo y ancho del planeta y por experiencia sé (en caso de que no haya desavenencias entre ellos y deserciones clave en el grupo) que ya no se bajarán de ese pedestal al que los hemos elevado merecidamente. El público se encuentra entregado al 100 % y se nota en las caras.

Born to Survive, de su otra maravillosa obra de 2019, Shehili, es el segundo temazo de la noche. Si en el primer tema el bajo de Anis Jouini cobra protagonismo por sus líneas virtuosas, en este el riff central de guitarra de Malek Ben Arbia, heavy metal de siempre, lleva el peso de la canción, aunque sin olvidar ese comienzo tan tunecino con violines y palmas junto a unos coros árabes de fondo…

Y me quedaba el tercer tema para hacer fotos, y ese no fue otro que Dance. Los violines del comienzo proyectados por Kevin Codfert… Como decía, entre esos «violines» y el estribillo, firman el tercer temazo de la noche con el sello inconfundible de MYRATH. Me intento esmerar en mi labor fotográfica, pero me niego a no retirar el objetivo de la cámara, porque el otro objetivo, el de disfrutar del show, se empieza a querer interponer en esa primera labor. Debo contenerme, pero me doy cuenta de que llevo casi un minuto tarareando la canción y moviendo el pie al mismo ritmo con la mirada puesta en el escenario.

En las primeras filas hay miradas embobadas (como la mía, imagino). Vuelvo a la realidad y sigo haciendo fotos. Ya queda nada para centrarme en disfrutar de una de mis bandas favoritas.

En Until the End, la cantante de ROSE OF THIEVES, Ivett Dudás, hizo las veces de Elize Ryd de AMARANTHE, y no hace falta decir que todos quedamos satisfechos con su aportación. Debo confesar, me ha pasado en muy pocas ocasiones, que más veces de las que puedo recordar me abstraí de mi labor como cronista esta vez, para solo centrarme inconscientemente en disfrutar, pero por suerte un clic interior me hacía reaccionar para prestar atención a lo que acontecía en el escenario, abajo y el resto de la sala.

The Clown (no sé si inspirada en D. Trump) me sacó de ese letargo maravilloso en el que me encontraba para seguir presenciando, para contaros, las sensaciones y sucesiones que pudiera captar, y evidentemente ese letargo del que hablo lo veía reflejado en muchísimas caras a mi alrededor.

Otras, que suele ser lo más habitual en los conciertos, reflejaban éxtasis, caras de satisfacción, mientras todos coreaban o hacían palmas acompañando la canción.

Con Through the Seasons, con esa entrada y salida de clarinete que la hace conmovedora a la vez que impresionante, llegó uno de los mejores momentos de la noche (eso por decir algo para significarlo, porque para mí hasta el momento todo había sido espectacular) con la gente coreando, moviendo los brazos, etcétera…

Una bailarina apareció para acompañar los sones de la canción en la que de nuevo vuelve a lucirse Kevin a los teclados y especialmente Morgan Berthet tras los parches, del que deducimos que era él por lo que se podía ver de sus brazos tatuados, la manera y postura al tocar, y (como decimos por aquí) por sus «hechuras» físicas, ya que salió con la máscara que aparece en la portada del disco y no se la quitó en ningún momento del concierto. Incluso se despidió de todos con ella puesta…

Merciless Times, Still the Dawn Will Come y Edge of the Night, que empalmaron con Into the Light, no hacen más que mantener las pulsaciones de todos en lo más alto. Ritmos complejos, estribillos que se pegan de manera enfermiza, solos magistrales tanto de guitarra como de teclados, el colchón virtuoso al bajo de Anis y la voz de Zaher… ¡Qué manera de cantar!

Momento para un respiro y mojar la garganta con una cerveza a precio desorbitado, pero sin perder un segundo de lo que discurre sobre las tablas.

No Holding Back, con sus arreglos orquestales, invaden la sala con un público totalmente entregado y pienso: «Esta gente debería grabar un disco de unos diez temas con una orquesta y editarlo con y sin voz, porque creo que sería una verdadera maravilla para los oídos». Breathing Near the Roar («eso es lo que me pasó», cantan en su letra…) nos encamina a la recta final del concierto.

Llega el momento de la balada de la noche. Soul of My Soul (con ese título tenía que ser una balada) y Zaher nos pide que levantemos los mecheros —perdón, las luces de los móviles—, cosa que aborrezco, y la sala es un coro al servicio de los tunecinos.

Hecho esto, el comienzo de piano cautivador de Endure the Silence nos trae otra lección magistral de Zaher en su labor como cantante. Voz personalísima, inconfundible y cargada de matices y colores con la que consigue dotar a unos temas tan complejos y melódicos de una categoría que en el conjunto los convierten en verdaderas obras maestras. Y aquí acabó el concierto «oficialmente». El grupo se retiró, pero todos sabíamos que los bises obligados caerían.

Aparte de lo «establecido» por costumbre, surge el reclamo a la banda para que salga de nuevo, pero además había habido muestras por parte de la banda de que se sentían más que a gusto, al punto de haber comentado Zaher, maravillado, que esa mañana habían paseado junto a la catedral, el Alcázar y visto la majestuosa Giralda.

Nadie puede negar que el norte de África y la península ibérica están emparentados sanguínea y culturalmente, reflejándose de manera muy particular en la música autóctona andaluza con el flamenco, parido en Andalucía y que bebió en sus comienzos de la música popular árabe; flamenco al que alabó Zaher, así como a Sevilla, incluso atreviéndose a marcarse unos escuetos esbozos aflamencados entre risas y aplausos e incluso como parte en algún tema a modo de improvisación.

Dijo conocer a un tal Paco, guitarrista… y habló de su amistad con otro grande de las seis cuerdas nuestro, como Vicente Amigo.

Les Enfants du Soleil, con esos coros de niños en francés que transmiten esa sensibilidad que solo lo que rodea a la infancia es capaz de evocar, le sirve de introducción para que interprete los primeros versos entre los asistentes, creando un vínculo especial y un momento único que muy pocos se atreven o gustan de ofrecer a sus seguidores.

Y para finalizar, con la intro Jasmin, Morgan nos planta un señor solo de batería, lo justo y necesario para no hartar y de paso enriquecer la entrada de la canción, demostrando una categoría fuera de toda duda.

Believer, uno de sus clásicos más famosos, es el elegido para despedirse de una audiencia a la que estoy seguro de que, si volvieran a ofrecerle otra actuación del grupo una semana después, más del 80 % volverían sin pensarlo.

Brazos en alto y coros para acompañar al grupo es la foto finish de un show inolvidable de una banda que, aunque ya es grande, a poco que las cosas le sigan yendo de manera lógica, podrían convertirse en un grupo de relevancia mundial, no ya en su género dentro del heavy metal, sino en el de la música rock en general.

Soñé con una actuación de MYRATH desde hace años y lo que imaginé ni por asomo se acercó a lo que sentí y viví el pasado día 23.

Gracias por existir MYRATH, me habéis demostrado que el talento todavía no está encorsetado ni secuestrado por culpa de los voraces índices de audiencia, y como decían esos versos de Las mil y una noches: «No se satisface con dinero, solo se contenta con el alma», y de alma y sensibilidad vosotros estáis más que sobrados.

Y no sobrado (tenía ganas de más), pero sí muy contento y satisfecho quedé después de ver un concierto insuperable con el que sí puedo decir que, aunque no he leído Las mil y una noches, a partir de este concierto podría cambiar el título a tan solo Las mil noches, porque «La una» la experimenté de la mejor manera, en lo musical y sobre todo en lo personal por la compañía.

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