Cuando llegué a los alrededores del recinto, una sensación de déjà vu recorrió mi cuerpo. Ver decenas o, mejor dicho, centenas de personas con sus camisetas de grupos varios, sus chupas de cuero —algunos con muñequeras de pinchos y cinturones de balas— me recordaba a aquellos viejos tiempos del pabellón o del Rockódromo. Pero era 2025 y ya muchos peinaban canas o, directamente, no las peinaban. La alopecia hace estragos en el mundo del metal.
Una vez con nuestra acreditación, nos adentramos en un impresionante recinto en el que tenía la suerte, por primera vez, de poder hacer fotos (objetivo cumplido). Saludé a muchos conocidos a los que se les veía la ilusión en los ojos por ver a la formación original de OBÚS, aunque antes, y para calentar el ambiente, el legendario Juan Pablo Ordúñez, alias El Pirata, se marcó una sesión de rock español de aproximadamente una hora.





