Lady Godiva – Jules Joseph Lefevre

Después de narrar un cruento hecho histórico como fue el fusilamiento de Torrijos y sus compañeros en la entrada de hoy os voy hablar de un personaje real pero cuya historia enraíza más en la leyenda, o al menos, tal y como nos ha llegado en la actualidad, cuento con más tintes de leyenda artúrica que de hecho histórico. Me refiero a la bella Lady Godiva. Resulta curioso como al mencionarla la imagen que aparece en la mente de cualquier alma humana es la de la obra de John Collier finalizada en 1897; una hermosa joven pelirroja cabalga desnuda con la cabeza agachada y avergonzada. La majestuosidad de ese cuadro y lo que ha provocado que sea el que todo hijo de vecino tiene en mente, es el uso del color bermellón en el mantón que cubre el caballo blanco, las riendas del mismo y el cabello ígneo de la bella Lady Godiva, esa mezcla irradia sensualidad en menor medida que belleza, además del extremo de que Collier fue un gran pintor prerrafaelita de lo onírico.

Sin embargo, existe otra versión de Lady Godiva en la que la calidad pictórica desborda cada textura del lienzo, la de Jules Joseph Lefebvre de 1898. Si la belleza de la obra de Collier es innegable, la de Jules ha sabido captar la entereza y sobriedad de la leyenda de nuestra dama. Antes, para que lleguéis a entender estos sentimientos que danzan por la obra de Jules os pongo en situación y a modo de cuenta cuentos (adoraba esa serie de pequeña) os narro la hazaña, para ello cuento con la ayuda del grupo HEAVEN SHALL BURN y su canción Godiva:

“… Will you bury them, Godiva will you bury them
No truth will ever reach them, no world will ever touch him
A life beyond, beyond all sympathy

A sign of hope in peaceless times
A shining light among the darkest nights
Godiva, your silent rage will bury them
Godiva, promise me, convey our hate and screams!

One day the tide is turning
And nothing will be left for them
Of all their vanity, of all this selfishness
Godiva, will you bury them, Lady Godiva
When will you ride again”

Lady Godiva (cuya existencia se ubica entre 1066 y 1086), en el Antiguo Inglés Godgifu, fue una tardo anglosajona noble esposa de Leofric, conde de Mercia, patrón de varias iglesias y monasterios. Hoy en día, se la recuerda principalmente por una leyenda que se remonta al menos al siglo XIII, en la que cabalgaba desnuda, cubierta solo con su cabello largo, por las calles de Coventry para obtener la reducción de los leoninos impuestos con los que su esposo ahogaba a sus inquilinos. 

Cuando la ambición se apoderó de su esposo, ella le pidió que rebajara sus impuestos. El conde accedió, pero con la condición de que Lady Godiva recorriera Coventry a caballo, sin más vestidura que su largos cabellos. La dama así lo hizo, no sin antes acordar con sus vecinos que estos se encerrarían en sus casas para no perturbarla en su desnudez. El día elegido Lady Godiva se paseó desnuda por el pueblo, montada en su caballo, mientras todos los vecinos de Coventry permanecieron en sus casas encerrados y con las ventanas cerradas.

La leyenda, que según los historiadores puede estar basada en una historia real (al menos parcialmente), finaliza aclarando que Leofric, conmovido por el gesto de su esposa, cumplió su promesa y rebajó los impuestos.

Como dato anecdótico os contaré que en Inglaterra se le denomina al voyeur como “Peeping Tom”, pues este apelativo tiene su origen en versiones posteriores de esta leyenda, en la que un hombre llamado Thomas la vio montar y quedó ciego o muerto.

El horizonte donde muere la realidad y nace el mito es muy difusa. Sabemos que Godiva (El nombre en inglés antiguo Godgifu o Godgyfu significaba “regalo de Dios”; Godiva fue la forma latinizada) y  Leofric , conde de Mercia tuvieron nueve hijos; un hijo era Aelfgar. Según los historiadores, el nombre de Godiva aparece en los estatutos y en la encuesta de Domesday, aunque la ortografía varía. 

De ser la misma Godiva que aparece en la historia de la abadía de Ely, el Liber Eliensis, escrito a finales del siglo XII, entonces era viuda cuando Leofric se casó con ella. Tanto Leofric como Godiva fueron generosos benefactores de las casas religiosas. En 1043, Leofric fundó y dotó un monasterio benedictino en Coventry en el lugar de un convento destruido por los daneses en 1016. Roger de Wendover en el S.XII  apunta a Godiva como la fuerza persuasiva detrás de este acto. 

Godiva regaló a Coventry una serie de obras confeccionadas en los más puros metales preciosos del famoso orfebre Mannig y legó un collar valorado en 100 marcos de plata. Otro collar (esta mujer parece el concurso “El Precio Justo”) fue a Evesham, para engalanar la figura de la Virgen que acompañaba a la cruz de oro y plata de tamaño natural que ella y su esposo regalaron, y la catedral de San Pablo en la ciudad de Londres recibió una casulla con flecos de oro (mucho regalo pero no veo apartamento en Torrevieja). Queda claro que a nuestra Lady “le quemaba el dinero en las manos”.

¿Entendéis ahora por qué os hablo del cuadro de Lefebrve? Miradlo, solo él es capaz de transmitir la solemnidad de quien se desprende del pudor y la dignidad por su pueblo. Esa calle angosta y empinada, el predominio de los claros oscuros en la obra, los tonos azulados símbolo de nobleza, los cuales ayudan a configurar una atmósfera melancólica y sombría. La figura de Godiva, irradia luz (destaca como elemento central en la atmósfera pesada y fría del cuadro) su blancura casi virginal la eleva al más alto estadio de la pureza. Pero un detalle que hace que adore a esta Lady Godiva por encima de otras representaciones es su actitud, no cabalga cabizbaja, lo hace con la mirada alta de quien sufre las consecuencias pero se siente satisfecha de la elevada hazaña y su finalidad, no se muestra indigna porque, simplemente, no lo es.

Me atrevería y que conste que es mera elucubración mía, se nos muestra a una Lady Godiva con gran similitud a las representaciones de la Virgen María; en plena luminiscencia, acompañada de palomas blancas que alzan el vuelo a su camino (en clara alusión a la pureza de su acto y la paz que el mismo restituiría al condado) el corcel blanco, majestuoso. Joven y rubia de belleza inmaculada.

Resulta tan bella la imagen de Godiva que difícilmente podría resultar más exultante, a no ser que seas un genio como Lefebrve y decidas pintar a una sirvienta anciana, maltratada por el duro trabajo del campo y el hogar, cansada y de tez macilenta que guía con paso triste y tedioso a tan majestuoso corcel, sublime.

El cuadro se presentó en el Salón de 1890 con gran éxito de la crítica. La ciudad de Coventry ofreció comprarlo por una gran suma, pero Lefebvre eligió a Amiens, donde hoy se puede apreciar en el Museo de Picardía.

Y aunque tristemente en la actualidad muchos recuerden a Lady Godiva por la marca de chocolates belga (ahora entendéis por qué su logo es una mujer desnuda sobre un caballo) lo cierto es que su historia, sea leyenda o bien sea real, encierra un portentoso mensaje:

En ocasiones, todo se reduce a una gran mujer, haciendo pequeñas cosas con las que cambia el mundo.

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