“Las rosas de Heliogábalo – Lawrence Alma – Tadema

“Aurelia mía, entiéndelo. Solo hice justicia poética.

Verlos retorcerse bajo aquel manto rosáceo fue orgásmico. Sus gritos ahogados por la belleza. Era como si la diosa Flora danzara descalza por palacio cubriendo de rosas aquella escena de lujuriosa pestilencia a muerte”

 (falsa expiación de Heliogábalo)- La Contadora de imágenes.

Regresan algunos (aquellos afortunados y bendecidos por los dioses) de vacaciones estivales. Siempre he tenido el verano como un periodo de descanso propicio para el hedonismo y el culto a los sentidos. Meditando sobre los excesos lujuriosos del verano y las altas temperaturas sentí un deseo irrefrenable de hablaros sobre quienes sí sabían de pasiones, lujuria y excesos: la antigua Roma y sus emperadores. Todos hemos oído hablar de los excesos y la depravación de Calígula (por cierto, su temido nombre pierde fuerza si os digo que significa “El sandalias”) y Nerón, pero muy poco conocido es Heliogábalo y no será porque sus actos no resulten sádicos.

Cuando hablo del emperador Heliogábalo, quien sólo gobernó durante cuatro años (218 al 222 D.C.) hago uso de la canción I, Calígvla del grupo metalero EX DEO, porque podríamos cambiarle el nombre y le vendría como anillo al dedo a nuestro protagonista:

“(…) I, Caligvla am god made flesh, thy rope around your neck… this is the will of the gods!

I Caligvla am master of all your fears, thy might colossal, these hands are drenched in blood!

Bow to me, you worthless swine… the sky will fall from grace All these voices left on unheard, dead and buried in my dominion

Whisper… Whisper… whisper words of domination

I am life, I am death, your souls left to waste I am everything you need and all the things you fear

Whisper… Whisper… whisper words of insanity

They killed my mother, they killed my father… who am I but the true face of ROME

Traitors shall be crucified, their women and children thrown from the Tarpeian rock

I thirst your blood, I want it all!!

I Caligvla am god made flesh, thy rope around your neck… this is the will of the gods! (…)”

Adorable ¿verdad? Es una auténtica pena que todavía no se hubiese inventado el psicoanálisis. Imaginadlos en el templo dedicado a Psique recostados mientras en sesión Freuduriste le comenta a Heliogábalo que debe sanar su relación filial con su madre, Julia Soaemias, y perdonar el hecho de desconocer sus orígenes paternos por aquello de que Julia abogaba mucho por el “amor libre”.

Pero hay un hecho insólito en la biografía de Heliogábalo que de extraño pudiera ser fantasía. Para hablaros acerca del mismo me voy a servir de la obra Las Rosas de Heliogábalo del pintor neoclásico neerlandés Lawrence Alma-Tadema quien se centró en la reproducción de ambientes de la vida cotidiana de la Antigua Roma. Resulta curiosa la temática de Lawrence porque si bien éste vivió en plena Revolución Industrial, detestaba toda la atmósfera generada por el progreso y la mecanización de los trabajos. Lejos de embaucarse por las altas chimeneas humeantes, el trabajo en serie y la despersonalización del trabajo nuestro artista se deleita en escenas hedonistas idealizando la Roma Imperial.

En el presente cuadro en cuestión se recrea el extremo sadismo del emperador Heliogábalo, en concreto se trata de un extracto de la obra la Historia Augusta (un libro que reúne biografías de emperadores romanos):

En una de sus suntuosas fiestas, cuando los invitados estaban ebrios, Heliogábalo mandó abrir el techo reversible del cual comenzaron a caer pétalos de flores, todo resultaba muy romántico, muy verano del 69 lleno de paz y amor de no ser porque no dejaban de caer flores y pétalos hasta llegar a enterrar a sus invitados con violetas y otras flores, de modo que algunos se ahogaron hasta la muerte, sin poder arrastrarse hasta la cima. Salvando las distancias ¿No os recuerda a cierta escena de la película American Beauty (1999- Sam Mendes)?

Este episodio es el que nos refleja de forma inquietante Lawrence Alma- Tadema. Sí, es correcto el término inquietante, porque un episodio tan cruento se enmascara en la pintura con un manto de belleza rosácea que es la que dota de presencia y fuerza a la obra, pero a mayor abundamiento, las expresiones de los asistentes, tanto quienes presencian la escena como quienes padecen asfixiados es de auténtica indolencia, apenas hay signos de expresividad, es como si todos estuvieran en shock ante la barbarie. Por lo demás, de no centrarnos en la torrencial lluvia de pétalos, es idílico, hasta puede percibirse que se trata de un día primaveral de tibia calidez. Vemos como un personaje femenino interpreta una melodía con un aulós (flauta doble). Situada detrás de los comensales, divisamos una escultura del dios Dionisos, y al fondo un paisaje mediterráneo. El emperador está reclinado con una tiara dorada en un diván del que cuelga un tapiz de flores, mirando con indiferencia cómo sus invitados al banquete se asfixian en el repentino diluvio de pétalos. Nos apunta la autora Ella Morton en su artículo: Objeto de Intriga: Las Rosas de Heliogábalo que Lawrence pintó el cuadro en Londres durante los últimos meses de 1887, época demasiado gélida para que pueda florecer rosa alguna. De tal modo que para poder plasmar los pétalos con la precisión que él exigía, acordó con comerciantes para que se le enviaran rosas desde la Riviera francesa todas las semanas durante el tiempo que fuera necesario para completar la obra.

Del lado izquierdo superior cuelga una sábana blanca (falso techo), que es la que ha estado reteniendo los pétalos de rosa hasta el momento descrito en el cuadro. Todos los invitados visten suntuosamente y portan joyas y coronas de laurel o de flores.

Es obvio, el color rosa predomina en toda la obra, de hecho es el primer reclamo a la vista. Llama poderosamente la atención la luminosidad del cuadro, sus tonalidades cálidas y uniformes (no hay un contraste intenso entre el fondo y el primer plano). La ligereza de las formas redondeadas de las figuras y sus prendas, el abanico de plumas, el mármol, los pétalos contrastan brutalmente con la muerte y el dolor que representa la obra. Se desconoce si el autor lo hizo con el firme propósito de crear conmoción, algunos expertos en Arte apuntan a lo que realmente pretendía Lawrence (lo llamo así porque me evoca a la película Lawrence de Arabia) era demostrar su maestría con la pintura. Yo, que no soy experta en Arte me atrevo a destacar el aspecto psicológico del cuadro, que mejor forma de representar la psicopatía del emperador si no es retratándolo impertérrito casi disfrutando de la escena. Respecto a las pobres víctimas de la ofrenda floral, si estaban ebrios apenas gesticularían, casi caerían rendidos al sopor de la muerte.

“En el rosáceo manto confeccionado ahogaban mis invitados sus lamentos. Cuando el silencio cubrió la sala pude intuir el ultimo golpeteo del único corazón que quedaba con un hálito de vida. Hice música querida Aurelia, hice música del dolor”

 (falsa expiación de Heliogábalo)- La Contadora de imágenes.

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