Los fumadores de hachis – Gaetano Prevati

No lo voy a negar, redacto esta entrada con cierta pesadumbre, atisbo un sendero de la razón infantilizado e idiotizado de ingenuidad. Tengo la inquietud que conforme la sociedad da pasos agigantados en el desarrollo tecnológico, sufrimos una severa involución racional y crítica, disculpad la expresión soez, pero… nos volvemos gilipollas. Percibo cierta tendencia a la sorpresa infantil y puritanismo en determinados debates que años, siglos atrás ya estaban superados. Esto de volvernos más papistas que el Papa nos sienta fatal ¡oiga!

Por ello me decanto en esta ocasión por esta obra del pintor Gaetano Prevati, Los fumadores de hachís y lo hago por un doble motivo. En primer lugar, no cabe duda de que son mujeres, si señores, las mujeres en el S. XIX hacían mas cosas que prostituirse o mantener distendidas charlas tomando el té (las que pululaban las altas esferas), también hubo féminas que experimentaban. Un momento Contadora ¿qué hablas de experimentar? Si se están poniendo “lacias” del “meneo” tóxico que llevan entre pecho y espalda. Pues ahí voy en segundo lugar, quiero hablaros un poco del consumo de hachís en el S.XIX y la creación del denominado “Club de los fumadores de hachís” (creatividad al poder a la hora de poner nombres ¡eh!).

Ciertamente, durante el S.XIX, lejos de considerar el hachís como una sustancia perjudicial aislada en barrios marginales, era habitual encontrarlo en cualquier botica (¡oiga mancebo! Póngame dos porritos). Realmente se usaba en multitud de formatos tales como; jarabes, caramelos, ungüentos o cigarrillos para combatir el insomnio. Los médicos recetaban las tinturas y preparados de cannabis a personas de todas las edades y para las más diversas afecciones: un par de gotas de tintura de marihuana mezcladas con agua caliente eran un buen remedio contra la histeria y los dolores postparto o menstruales (ríete tú del Espidifen).

No solo eran conocidas sus propiedades narcóticas, muchos escritores, poetas y artistas de la vida volvían sus ojos a aquel remedio que despertaba la musa de la creatividad. Tengo que confesar que los entiendo, cuando un artista pierde la creatividad anda muerto en vida. Lamentablemente en aquella época fue cuando comenzaron los estudios sobre el cannabis y sus efectos, estudios tan recientes que no pudieron advertir sobre lo sumamente adictiva que puede resultar dicha sustancia.

Así, en el año 1835 fue fundado el “Club de los Hashichines”, por el pintor Boissard y Moreau de Tours, con el objetivo de realizar estudios sobre la posible utilidad del cannabis en el tratamiento de algunas enfermedades mentales. Algunos miembros ilustres de este club fueron Baudelaire, Dumas, Delacroix o Flaubert.

Rápidamente, el hachís comienza a convertirse en un producto de las élites, llegando a aparecer en 1881 en un artículo en la revista francesa Encephale, que afirma que, de todas las sustancias psíquicas, el hachís es la más inofensiva si se sabe usar (ya empezamos con el marketing positivo). En Estados Unidos, su expansión también continúa creciendo, y en 1883 se abrieron legalmente salones para fumar hachís en Nueva York, Boston, Filadelfia, Chicago, San Luis o Nueva Orleans, entre otras.

Con tales antecedentes no es de extrañar que nuestro pintor invitado, Gaetano Previati en 1887 pintara Los Fumadores de Hachís, mujeres que en esta ocasión no fuman en pipa de agua. Si observáis esta maravillosa obra de una inusitada elegancia y belleza, escenifica el consumo de hachís no sólo como una costumbre oriental, sino como una costumbre moderna y europeizada, pero si se perciben ciertos rasgos de exotismo oriental.

Gaetano nos muestra a cuatro mujeres, sentadas en el suelo, con la cabeza inclinada hacia atrás en plena relajación y adormecimiento de los sentidos, su cabello está escondido en los pañuelos. En sus manos portan cigarrillos caseros y, haciendo uso magistral de tonalidades apagadas tales como burdeos, amarillos oscurecidos (hasta el blanco del vestido de una de las mujeres aparece como falto de brillo) representa una habitación con una sola cama y techos pesados con brocado, frente a paredes estériles y enlucidas, dirigen su mirada hacia el cielo por encima de ellos, con los ojos cerrados. Obviamente todas ellas se encuentran sumidas en pleno estado narcótico o como definía el propio JIMI HENDRIX en su canción Purple haze:

“Purple haze all in my brain
Lately, things, they don’t seem the same
Acting funny, but I don’t know why
Excuse me, while I kiss the sky

Purple haze all around
Don’t know if I’m coming up or down
Am I happy or in misery?
Whatever it is, that girl put a spell on me

Help me, help me
Oh, no, no

Hammering
Talking ’bout heart and s-soul
I’m talking about hard stuff
If everybody’s still around, fluff and ease, if
So far out my mind
Something’s happening, something’s happening …”

No deja de fascinarme el uso del color por Previati, éste al igual que el puntillista Georges Seurat, opinaba que el efecto de color que debía lograrse en el ojo del espectador no podía lograrse de antemano mezclando físicamente los pigmentos de color, sino que sólo se producía por la percepción del cuadro en su conjunto. Por eso los divisionistas separaron sus colores meticulosamente y creyeron que pidiendo a los espectadores que combinaran los colores ellos mismos ópticamente, podrían producir la máxima luminosidad posible en sus obras.

Esta obra, en opinión de un sector de los críticos de arte; refleja el sentimiento de decadencia europea. Un tiempo cuyos pensamientos, espíritu y cansancio del mundo fueron determinados por Friedrich Nietzsche y la Poética de las Flores del Mal de Charles Baudelaire.

Al fin y al cabo, el hombre una y otra vez vuelve hacer uso de aquelarres, invocaciones modernas para atraer a la musa creativa, pues su frío beso de despedida sin promesa de regreso supone situar un pie en la tumba mental, te sitúa como un ser humano mas sin pasión descarnada. Normal que se le abrace en pleno éxtasis susurrando: “permanece una noche más, querida”.

La información “toxicológica” así como sobre el “club de los fumadores de hachís se ha obtenido de las webs softsecrets.com Historia de la marihuana en las farmacias europeas y españolas durante el S.XIX y culturamas.es El intelectual club de los fumadores de hachís.

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