Sonno Di Rugiada – Roberto Ferri

Veintiuna entradas de La Contadora de Imágenes y hasta este momento no me había pronunciado sobre mi pintor contemporáneo favorito; Roberto Ferri. En este “olvido” subyace una clara motivación; pudor. Jamás conseguiré enlazar las palabras precisas que queden a la altura de la magnificencia de su obra. Eso y que temo interponga una orden de alejamiento ya que le sigo con avidez desde todas las redes sociales y es que Ferri, encarna todo el elenco de virtudes que admira La Contadora

Lo primero que destaca en su obra es ese aroma anacrónico que desprende. Los críticos de arte le han apelado como el Caravaggio actual, por el excelente uso que hace del claroscuro con un carácter casi emocional, y no les falta razón, sus anacrónicas obras de clara influencia barroca trasgreden paradigmas al envolverse de la sensualidad y carnalidad que desprenden de forma hiperrealista la temática erótica de sus obras.

La pintura de Ferri danza por el romanticismo más academicista haciendo un uso magistral del simbolismo con un discurso crudo, provocador y cargado de un erotismo dramático. Asomarse a la obra de Ferri como un ventanal de placer supone caer en la tentación de estirar las manos con el deseo de hundir los dedos en la carne de sus protagonistas. Paradójico ¿verdad?  El espectador disfruta la representación de una escena católica en la que intervienen santos martirizados y no puede más que desear en secreto agarrar con firmeza y suavidad muslos y cuello.

Su estilo, como es de suponer le ha generado críticas elogiosas y entusiastas que lo han calificado como un “academicista apasionado” o un “Salvador Dalí carnal”. Ferri ahonda en la desnudez con elementos oníricos que abordan los sueños, la espiritualidad y la mitología, pero también lo profano. Por todo ello, su obra es orgásmica, atrevida e inquietante, sus escenas de gran pasión, belleza y sensibilidad reflejan una colisión frontal entre antigüedad y modernidad, y entre el academicismo (de William-Adolphe Bouguereau, por ejemplo) y el surrealismo más transgresor.

A estas alturas, hablar de Roberto Ferri (Taranto, 1978) como un artista de otro tiempo, un anacronismo pictórico, sería hacer una interpretación demasiado banal de una compleja a la par que simbólica obra que de una profunda contemplación que no deja indiferente. De origen autodidacta, con 21 años se trasladó a Roma para profundizar en su interés y pasión por las obras del siglo XVI en adelante, que definen los trazos de sus pinturas. para graduarse después con honores en la Academia de Bellas Artes de la ciudad eterna.

Pero Ferri y su obra pertenece a nuestra época. Simplemente y tal como se lleva repitiendo a lo largo de la historia del arte, se sirve de un modelo previo y lo revisiona y actualiza para el espectador de hoy y el de mañana.

Por eso, también en sus lienzos, se establecen paralelismos con obras contemporáneas, si las observáis un breve lapso temporal por vuestra mente comienza a fluir el director Tarsem Singh y aquel videoclip para R.E.M. Losing my religión.

Su carrera tomó mayor notoriedad por haber sido el encargado de retratar al Papa Francisco. Fueron dos las obras encargadas al artista italiano, que ocupan lugares privilegiados en el Vaticano. Cabe aclarar que no son los primeros trabajos que ha realizado el artista por encargo de la Iglesia; en 2010 recibió el encargo para realizar 14 telas para representar el Vía Crucis por la Catedral de Noto en Sicilia, que fueron expuestas en el Palazzo Grimani de Venecia durante la Bienal Internacional de Arte. Esa muestra desató fuertes polémicas por la imagen de un Cristo atlético y sensual.  A las objeciones el artista declaró:

«Cuando te hacen un encargo, en mi opinión, deben darte libertad. Si el cliente conoce al artista y su obra, lo mejor es que dé solo el tema, ya que si quiere obtener lo mejor de él debe dejar al artista en libertad a la hora de crear».

En esta ocasión nos vamos a detener en su cuadro Sonno di rugiada (2018). Éste óleo sobre tela es un gran ejemplo de la capacidad de Ferri para representar el cuerpo en todo su esplendor. Y la carne. Porque es ese cuerpo desnudo, tanto femenino como masculino, el verdadero protagonista de su obra. Una anatomía hermosa, de piel y músculo, y hueso también. De pliegues y recovecos que, al igual que sucede cuando vemos una escultura de Bernini, nos apetece hundir los dedos en ella.

Sonno di rugiada suda la belleza de la que siempre hablan los poemas de Baudelaire, no solo constituida por lo canónicamente bello, bueno y noble, sino también por lo irracional, grotesco y desmesurado. Este lienzo nos transporta a una dolorosa escena en la que él sumido en la desesperación de la mañana (a tenor de la libre interpretación que hace La Contadora de imágenes) en la atmósfera que el duermevela suele generar, cae rendido ante la realidad que trae la mañana como un parte de guerra: ella es tan sólo un recuerdo que carga a sus espaldas, encaramada, dejando el peso que le ata como un abrazo pero solo es un sueño cubierto de rocío. Una ensoñación que arrastra toda la noche de forma cadente y sensual, como aquella canción I need you tonight de ZZ TOP:

“It’s three o’clock in the morning
And the rain begin to fall
But I know what I’m needin
But I don’t have it all.
I’m needin someone like you
That I just want to do love to.
Baby, baby, I need you tonight.

Outside my window
It’s lonely and cold.
Inside my heart there’s a fire
Burning out of control.
Burning for someone like you
I just want to do love to.
Baby, baby, I need you tonight”.

Puede que sea por esa espiritualidad de la carne que la Iglesia italiana siempre ha sabido apreciar, que en 2010 recibió el encargo de pintar 14 telas sobre el Via Crucis para la Catedral de Noto en Sicilia. Las obras fueron expuestas en el polémico pabellón italiano de la Bienal de Venecia de 2011 y criticadas por presentar una imagen de Cristo atlética y sensual tan característica de su producción. Pero Ferri es tan sublime que ni la polémica frenaron un nuevo encargo de la Iglesia, de pintar dos retratos del papa Francisco, que cuentan con la aprobación del sumo pontífice.

Si en alguna ocasión le seguís en redes os daréis cuenta de su pequeño secreto; sigue trabajando de forma artesanal en su taller, con los óleos y las técnicas tradicionales porque Ferri no deja de ser un artesano.

Por mi parte lo intenté, busqué adjetivos, rimas y frases que fueran capaces de transmitiros la espectacularidad, la belleza y sensualidad que emanan sus obras y me quedé sin diccionario. Ante sus cuadros me vuelvo una simple junta letras que tartamudea frente a tanta genialidad.

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