The Murder – Paule Cézanne

“No recuerdo el frío ni cuánto tiempo llevo muerta. Debe ser bastante porque no siento nada.

Escucho sin oír pues los muertos si de algo sabemos es de silencio.

Antes me pesaban los cuerpos de esas dos bestias que me asían con fuerza brazos y pecho, no me presionaban sus fuerzas era su ira.

No ubico mi cuerpo, a los pocos segundos cerraron mis ojos abiertos. Parece ser que la mirada inquisitiva de un difunto no es un grato recuerdo, siquiera para quien tuvo a bien descontar horas a tu reloj vital.

Me siento orgullosa, tengo las muñecas bien laceradas, significa que no se lo puse fácil a aquellos cabrones, aunque mi memoria no alcanza al momento en el que sucedió.

Desconozco si ha llovido o me encuentro en el lecho de un río, pero creo tener los pies desnudos embadurnados de fango.

Deseo estar a campo abierto y que mi podredumbre alimente raíces.

Ojalá me encuentren y vuelva a ser una incomodidad para ellos, solo que eterna, con mi historia escrita en la piel, para gritar muerta lo que en vida callé”.

La Contadora de imágenes.

Esta semana hablamos de un controvertido artista y para ello no voy a recurrir a cualquiera de sus cuadros más célebres e identificativos, voy a recurrir a su etapa más oscura. Concretamente aquella en la que su producción fue eminentemente dramática y oscura. Esta semana hablamos de la obra pictórica The Murder (el asesinato) y parafraseando a cierto programa semi “reality” os diré que como no es lo mismo verlo que vivirlo hoy mi entra/relato ha sido desde la perspectiva de la difunta, bastante importancia le dio el pintor a su asesino y a la cooperadora.

Cuando se habla de Cézanne casi por resorte todo el mundo piensa en Los jugadores de cartas o en sus bodegones (Basket of apples), obras con cierto aroma cubista, de hecho, Paul Cézanne fue un artista y pintor posimpresionista francés cuyo trabajo formó el puente entre el impresionismo de finales del siglo XIX y la nueva línea de investigación artística de principios del siglo XX, el cubismo.

Tal y como nos advierte Miguel Calvo Santos en mi web por antonomasia www.historiaarte.com, las pinceladas repetitivas de Cézanne son claramente reconocibles (como puede acontecer con los dorados de Klimt). Hizo uso de planos de color y pequeñas pinceladas que se acumulan para formar campos complejos. Estilo geométrico y estudio de los espacios. Trató de conseguir una comunión armoniosa entre naturalismo, la expresión personal y el orden pictórico. Rechazó las idealizaciones en los temas. Representaba el mundo de la forma más exacta desde el punto de vista pictórico ordenando todo estructuralmente en formas simples y planos de color.

Pero vamos a ponernos manos a la obra con la “casquería fina”, comparto la opinión de algunos expertos en arte que intuyen en Cézanne y la obra The Murder cierta influencia de su amigo Zola. En este punto entramos en todo un mundo de contradictorias teorías donde unos aluden a la novela Un mariage d´amour en la que se narra la relación adúltera entre la esposa de un tendero parisino y un joven campesino. La tortuosa relación les llevará al asesinato del tendero y el posterior suicidio de ambos. Otros piensan que este virulento tema pictórico puede haberse inspirado en la novela de Zola Thérèse Racquin (publicada en 1867) en la que la heroína asesina a su marido. La similitud de la pintura con las ilustraciones de la prensa popular sugiere que también podrían haber sido una fuente de inspiración. Y vosotros estaréis pensando: pero si la víctima en el cuadro es una mujer sobre la que abalanzan dos energúmenos. Por eso precisamente os digo que pudo servirle de inspiración, porque darlings, nuestro Cézanne era un reguero de virtudes y entre ellas, dicen los mentideros de la época, podemos calificarle de misógino. Y a mí que esta historia que plasma brutalmente en sus inicios Cézanne me recuerda a Last rites/ Loved to death del grupo MEGADETH:

“Your body’s empty now
As I hold you
Now your gone I miss you
But I told you
I remember bad times
More than good
There’s no coming back
Even if we could
I loved you to death
If I can’t have you
Than no one will
And since I won’t
I’ll have to kill
My only love, something
I’ve never felt
Now you’ve gone to heaven
And I’ll burn in hell
I loved you to death

And now I’m down below

And what do I see
You didn’t go to heaven
Your down in hell with me
And now your coming back
Baby take me please!
I really think I would
If you weren’t such a sleaze
I loved you once before
You kept me on a string
I’d rather go without
Than take what you would bring!

We loved you to death”

Como nos explican magistralmente en la web www.artehistoria.com en su entrada El asesinato (The murder) se esboza y detalla siguiendo muy de cerca el arte barroco (con gran influencia de Diego Velázquez), nuestro pintor de carácter complicado nos presenta una violenta escena presidida por el cuerpo yacente de la mujer asesinada, sujetada tanto por la mujer (la reconocí por la falda que se intuye mimetizándose con la oscuridad de la noche) como por el asesino.

Esas posturas escorzadas y las diagonales recuerdan los martirios de santos habituales del siglo XVII, hasta tal punto que incluso hace uso de la iluminación dramática que crea fuertes claroscuros.

La escena se desenvuelve a al aire libre, en la noche, poblándose el cielo de negros nubarrones que refuerzan la teatralidad de la composición. El oscuro colorido ha sido aplicado con largas y contundentes pinceladas para aumentar la intensidad dramática y el movimiento, extendiendo el color en la tela con la espátula.

Fijaros, las tres figuras de El asesinato forman un triángulo cuyos lados paralelos son fuerzas en direcciones opuestas: el asesino levanta la mano dispuesto a dar el golpe final mientras su cooperadora necesaria utiliza todas sus fuerzas para mantener a raya a la víctima.

El movimiento de barrido del asesino masculino, evidente en su chaqueta y sus piernas, transmite el poder del momento. Sus manos y piernas están alargadas y distorsionadas para lograr el mismo efecto. El manejo de la pintura es contundente y en muchas partes redondeado, un ejemplo de ello lo observamos en los brazos del colaborador.

El cuerpo de la víctima se difumina en el paisaje, sólo se distinguen el contorno de la cabeza y los brazos bajo la fuerza feroz de los dos asesinos. Los asesinos no tienen rostro, pero el de la víctima está contorsionado por el dolor.

Se intuye en el cuadro la orilla de un río donde se arrojará el cuerpo al abrigo encubridor de la naturaleza.

Si bien Cézanne no se preocupa por las identidades de los asesinos, posteriormente repitió el tema de “El asesinato” en una acuarela (ahora en una colección privada) fechada alrededor de 1874-75. Mantiene la misma composición, pero el rostro del asesino se revela y la víctima levanta la mano en señal de súplica.

“Pierdo el aliento, me dejo llevar por este sabor ferroso de la sangre en mi garganta, clavo mis pupilas en él.

Pienso en dejarle un imborrable recuerdo que le asalte cada noche al cerrar los ojos. En la oscuridad verá los míos, vacíos, reclamando venganza”

La Contadora de imágenes.

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