
CELTIAN lo anunció durante el primer concierto de la gira Secretos de amor y muerte: el cierre del tour quedaría inmortalizado en una grabación en directo. Pero tras aquel anuncio inicial, la idea quedó suspendida en el aire, sin fecha ni lugar confirmados. Hubo que esperar un tiempo hasta que, por fin, llegó la noticia que muchos esperaban.
La cita quedó marcada en rojo: el pasado 9 de mayo. El escenario elegido, la emblemática sala madrileña La Riviera, que presentaba un aspecto prácticamente de lleno absoluto. Allí nos plantamos con una doble misión: disfrutar del directo de una banda que ha sabido construir un sonido fresco, lleno de matices y personalidad… y, por qué no admitirlo, intentar colarnos para la posteridad en el futuro DVD.
A la hora prevista comenzó a sonar la intro y, poco a poco, fueron apareciendo bajo un arco los protagonistas de la noche: David Landeroin a la batería, Sergio Culebras a la guitarra, Miguel Mongue al bajo, Txus Borao al violín y buzuki, Diego Palacio a la flauta, whistle y gaita, y al frente, la voz y presencia escénica de Xana Lavey.
Profecía fue la encargada de abrir la noche. También abrió la compuerta de la euforia entre los seguidores más fieles, esos que conocen cada letra, cada riff y cada línea de flauta. Los primeros compases tuvieron algún pequeño desajuste de sonido, pero tras un par de retoques desde la mesa todo encontró su sitio. El resultado: un sonido limpio, nítido y con un volumen perfectamente equilibrado. Sueños de cristal llegó sin conceder tregua y la sala ya era una fiesta de palmas, saltos y sonrisas. La banda se movía con absoluta comodidad sobre un escenario amplio, ocupando cada centímetro con una energía contagiosa.
Entre canciones llegaron las primeras palabras de Xana, visiblemente emocionada. Costaba contener los sentimientos y alguna lágrima se escapó entre la emoción del momento. Después llegó Solsticio de dríade, una nueva invitación al salto colectivo. Seguro que más de uno recordó aquellas embestidas verticales al día siguiente.

Con Hasta el final comenzaron a aparecer los invitados. Subieron al escenario Jorge Salán y Fernando Mainer para interpretar Renacer. Jorge dejó uno de esos solos que quedan grabados en la memoria y Fernando, ya recuperado de sus problemas físicos, mostró una energía y presencia magníficas.
Sendas de leyenda, una de las canciones más esperadas, hizo retumbar los cimientos de la sala, algo que volvió a repetirse con Nueva era, una de mis favoritas personales del repertorio.
Xana se retiró unos minutos para tomar aire y el protagonismo quedó en manos del resto de la banda, acompañados por el grupo de danza celta Irish Treble, que puso la nota visual a Molly Bawn, instrumental perteneciente al primer trabajo del grupo, The Druid’s Awaiting.
Y entonces llegó Maleficio de sangre. Poco más se puede decir de semejante himno. Mi tema favorito de toda su discografía y una interpretación descomunal de Xana, con una intensidad vocal y unos guturales que pusieron la piel de gallina. Tras Tu hechizo apareció otro invitado: Chesco, teclista de MÄGO DE OZ, aportando su talento en Siempre seré tu estrella, uno de los momentos más especiales y emotivos de la noche.

Pero no había tiempo para quedarse suspendidos en la emoción. Magia de luna volvió a convertir la sala en un océano de voces y brazos en alto. Más invitados desfilaron por el escenario. Rosalía Sairem y Kike Sanz participaron en La musa del bosque. Después, Xana tomó la guitarra acústica para una sentida interpretación de Madre, anoche en las trincheras.
La maquinaria siguió funcionando sin descanso y llegaron clásicos imprescindibles como Niamh, primer gran éxito de la banda, coreado de principio a fin por una Riviera completamente entregada. A continuación, apareció Isra Ramos para aportar su voz en Al otro lado del camino.
Regreso al primer disco con The Morning Star y Hills of Clogher, nuevamente acompañadas por Irish Treble y por Sara Ember, violinista de ÑU y FINNWAY. Más adelante llegaron Eala y Mirada de fuego, esta última con la participación de Marina Sweet, compañeros de carretera durante la gira.

Hubo espacio para la intimista Oh Catarina y para la contundencia de Caricia mordaz, junto a Carlos Z a la guitarra y el regreso de Sara Ember al violín. Sin apenas darnos cuenta, más de dos horas de concierto habían pasado volando. El hijo del ayer encendió la recta final, Serena nos dejó prácticamente sin aliento y llegó el gran desenlace: En tierra de hadas. Todos los invitados volvieron al escenario para una despedida a la altura de una noche irrepetible, con Xana, Rosalía y Marina intercambiándose estrofas en un cierre de pura celebración.
Dos horas y media después, las luces se encendieron. El concierto había terminado, pero también había quedado atrapado en la memoria de cámaras y asistentes. Este otoño podremos revivir aquella noche desde casa. Porque algunos conciertos terminan cuando se vacía la sala. Otros siguen resonando mucho después del último acorde. Y este fue uno de esos.

Intro + Profecía
Sueños de cristal
Solsticio de dríade
Hasta el final
Renacer (con Jorge Salán y Fernando Mainer)
Sendas de leyenda
Nueva era
Molly Bawn (con Irish Treble)
Tu hechizo
Siempre seré tu estrella (con Chesco)
Magia de luna
La musa del bosque (con Rosalía Sairem y Kike Sanz)
Madre, anoche en las trincheras
Niamh
Al otro lado del camino (con Isra Ramos)
The Morning
Star Hills of Clogher (con Sara Ember e Irish Treble)
Eala Mirada de fuego (con Marina Sweet)
Oh Catarina
Caricia mordaz (con Carlos Z y Sara Ember)
El hijo del ayer
Serena
En tierra de hadas (con Marina Sweet, Rosalía Sairem y todos los invitados)
Dar las gracias a la banda por ser como son y que no cambien, a Background Music y Sara por las facilidades, Calla Underground, Maldito Records y Alba por ayudarme en la crónica, Sandra y Toni por la tarde de risas y diversión, a todos los que me saludaron en el recinto, cada día más.
¡Nos vemos en los bares!