Si el primer día de festival ofrecía un cartel variado, el viernes del SUN AND THUNDER se antojaba otro ejemplo de mezcla de géneros con power metal, folk metal, hardcore, heavy metal, thrash metal y el post-black metal.
Si el primer día de festival ofrecía un cartel variado, el viernes del SUN AND THUNDER se antojaba otro ejemplo de mezcla de géneros con power metal, folk metal, hardcore, heavy metal, thrash metal y el post-black metal.

Ha pasado mucho tiempo desde que vi por primera vez a SOVENGAR. Desde sus inicios más power metal, la banda ha ido evolucionando a un sonido más folk. Sus influencias son evidentes, y su apuesta por la diversión, muy clara.

Desde el primer momento, Wulfgar, el vocalista, hizo suyo el escenario con un buen humor contagioso, bajando al foso a arengar al público. El resto de la banda demostró su gran nivel, con un sonido impecable. El resto del show, con dragón y orco incluidos, cerró una fiesta que hubiera merecido mejor horario.

Como comentó su cantante, Jacob, VENDETTA FM era la banda con más mala leche del festival. Hardcore groove con reivindicación. Se sucedieron los circle pits, pogos y walls of death: una lección de actitud.

Jacob se bajó una primera vez al foso para cantar, acabó en medio del circle pit y, después de volverse a subir por un par de temas, decidió que estaba más a gusto abajo y allí terminó. Los amantes del estilo se desfogaron durante media hora; los profanos, como yo, disfrutaron viendo a la gente divertirse.

«All for Metal and Metal for All«, power metal de corte americano de gran factoría. ALL FOR METAL en pocos años se ha labrado un nombre y una reputación.

La salida de dos de sus miembros la semana anterior dejó muchas dudas sobre el devenir del show, pero Tim «Tetzel» Schmidt y el recién ingresado, Amerigo Vitiello, suplieron la ausencia sin que se notara la falta de una de las voces. La actuación fue una descarga de energía positiva, puño alzado, estribillos coreados a pleno pulmón, todo lo que se espera de este género. Uno de los mejores ratos del festival hasta el momento.

Schmier y sus acólitos regresaban a Mare Nostrum para volver a sentar cátedra en materia de thrash metal. Es inútil presentar a DESTRUCTION, miembro del Big 4 teutón.

Más de 40 años de historia ante nuestros ojos y, a pesar de ello, la propuesta sigue vigente: riffs rápidos y ágiles, doble bombo y una rabia que no ha bajado ni un ápice a lo largo del tiempo. El setlist fue un repaso a toda su trayectoria dejando espacio a temas de su último trabajo, Born of Malice, como el tema final que lleva el nombre de la banda. Con DESTRUCTION se empezó a animar el público, hasta ese momento un poco escaso.

Llegó el «Arockalypse«, nada de sol y trueno, sino una ola de recuerdos, una explosión de sentimientos. Me viene a la memoria aquella mañana de 2006 en que pusieron en una emisora de radio el tema que iba a representar a Finlandia en Eurovisión; entre risas esa mañana, como en muchas partes, nadie apostaba por ellos, el resto es historia.
20 años han pasado desde entonces, 20 años cumple The Arockalypse, un disco que, visto esta noche, no ha envejecido. El show de LORDI, aunque muy sencillo, no deja margen de error: un gran trabajo de atrezzo, humo, calaveras y motosierra.

La banda interpretó al completo el disco, junto a temas más actuales para el mayor disfrute de los asistentes, que en ese momento dejaban una imagen de muy buena afluencia. It Snows in Hell, Mr Killjoy, Who’s Your Daddy?, The Chainsaw Buffet… tantos temas que han sido coreados por todo el público. Con LORDI se ha llegado al cielo, ¡hallelujah! ¡Hard Rock Hallelujah!

Quizás el momento más especial del festival, ya que después de la exuberancia de LORDI, nos enfrentamos a la oscuridad de GAEREA. Los portugueses ofrecieron un concierto lleno de ambientes, melodía y, por qué no decirlo, de belleza.
El anonimato te hace libre, y eso parece que le viene como anillo al dedo a GAEREA: muchos momentos ambientales, pasajes extremos, otros más melódicos… La banda no se ata a ningún estilo, pero en cada palo que toca lo hace de manera excelsa.

El público estaba en trance ante semejante demostración de poderío. Ni un alma se movió durante la hora que duró el show, nadie se quería perder un segundo de ese momento, un momento en que el público y la banda se juntaron para ser uno solo. Ya ha pasado y estoy esperando para repetir la experiencia.
Un segundo día muy variado, lleno de emociones, sentimientos y buenos momentos; un día para el recuerdo que convirtió a Mare Nostrum en una gran fiesta del heavy metal.