Review: SÔBER – Elegía

Antes de comenzar, aclarar que esta reseña se podría definir como “terciopelo que araña tu piel, amargo a veces y otras soy la miel” (SÔBER, Elegía, “Eclipse“, 2021). Dicho esto, hablemos de…

…La BANDA

Carlos Escobedo – Bajo y Voz Principal

Jorge Escobedo – Guitarra

Antonio Bernardini – Guitarra

Manu Reyes – Batería

Poco se puede decir para presentar a los madrileños de SÔBER. El grupazo nacional de rock alternativo lleva casi tres décadas y más de diez álbumes rompiendo nuestros tímpanos con buena música. El éxito de la banda es inseparable del sonido “sôber”, ese sello de identidad que te hace identificar al grupo en los primeros segundos de escucha. Podríamos resumirlo en el uso de potentes riffs para estructurar los temas con su contundencia, siendo compenetrados a la perfección con una batería pesada pero que rompe la regularidad y un bajo que apoya en otra tesitura los riffs, grandes solos de guitarra y una voz con un timbre espectacular, bien impostada y muy rockera. Su música se basa en una gran masa sonora creada por los diferentes instrumentos que apuntan siempre en la misma dirección: apoyar a la melodía principal (ya bien sea la voz o la guitarra solista). Con las estrofas avanzan en la narración y en los estribillos acentúan el mensaje, lo normal, pero con SÔBER va más allá. Además, siempre conducen su música al éxtasis del estribillo, sin menospreciar el resto de las partes de la canción, lo que se da mucho a notar con la repetición continua y el juego de densidades instrumentales que hacen cara al final de muchos temas. Me explico: en el último tercio de muchas de sus canciones, tras el solo de guitarra por lo general, suelen interpretar el “prestribillo” o el penúltimo (o parte del último) estribillo con el mínimo de instrumentos posible o con uno ajeno a la formación (piano, cuerdas frotadas, sonidos electrónicos, etc.) para luego volver a romper con el estribillo al completo o, haciendo un papel similar, el solo de guitarra. Es algo muy típico en nuestra querida música urbana, pero que si lo mezclamos con la relativamente corta duración de sus temas (rara vez superan los 5’30’’), su buena ejecución y gran sonido, todo hace de SÔBER un pepinazo comercial del bueno.

Tener tu marca sonora es algo esencial, venimos a escuchar a SÔBER, pero ser fiel a tu estilo tiene sus pros y sus contras.

Elegía es la última entrega de los madrileños, un buen disco, con buenos temas, es un álbum con lo esencial del sonido “sôber”, pero con algún plus diferente a lo escuchado. Contextualizando un poco, desde que volvieron del “lapso” con De aquí a la Eternidad (2010) se vio un cambio respecto a su estilo anterior. SÔBER no eran los de antes, ni en parte de sus integrantes ni en su sonido. La ilusión que dio volver a tener un estreno de la banda se juntó con un cambio en su música que prometía que llegarían lejos, más. En 2011 presentaron Superbia, álbum que rompía con lo que el grupazo nos tenía acostumbrados sin perder su esencia determinante. Tenía canciones más normalitas, otras buenas, pero con otros temas brutales nos estaban mostrando una cara más progresiva del grupo con cambios bruscos de estilo, compás, con partes muy diferenciadas, gran espacio para lo instrumental, baterías más variadas que se compenetran bestialmente con los riffs de bajo y guitarras, un juego con las letras de los estribillos variando orden de versos o cambiando algunos para acentuar el menaje, más reflexivo en algunas canciones. Es decir, un SÔBER dopado. Letargo (2014) seguía la misma estela que su predecesor, rompiendo moldes con más contundencia si cabe. Vulcano (2016), siendo el cénit de este crecimiento, nos dio a entender que la banda era imparable, aunque ya podíamos entreoír algunos tropiezos que más tarde comentaremos.

Tracklist

1 – Mi heroína

2 – Elegía

3 – Eclipse

4 – Oasis

5 – El día de la Liberación

6 – Verona

7 – Máscara de Hierro

8 – La noche más larga

9 – Seda y Plomo

10 – 9 musas

11 – Eclipse (versión piano y voz)

Ahora, 2021, tenemos el estreno de E-L-E-G-Í-A y, como decía en anteriores líneas, es un buen disco. Pero ¿está al nivel de los anteriores? ¿es mejor? Cada uno tiene su respetable opinión y aquí veremos los puntos a favor y en contra.

Como innovación dentro de su estilo compositivo tenemos un tratamiento especial del timbre con el mayor uso de instrumentos electrónicos como refuerzo y ambientación o incluso como pilar de alguna canción (como en el caso de La noche más larga), el trato principal a instrumentos como el piano y la participación de coros con una presencia mayor de las voces agudas (al contrario que Superbia donde predominaban las graves, no tanto en Letargo). Aun así, quizá tiene algunas lacras que entorpecen la escucha. ¿Recordáis lo que os comentaba del juego de densidades en el estribillo al final de cada canción? En Superbia lo encontramos notoriamente en Naufrago Fortuna, Fama o Placer; en Letargo tenemos Blancanieve, Mañana Capricho; en Vulcano lo podemos escuchar en Enterrado, Papel Mojado Arena (temazo de la hostia). Pero en E-L-E-G-Í-A, ¡en Elegía! Lo escuchamos en Mi heroína, Eclipse, Máscara de Hierro, y en Oasis y La noche más larga donde se hace lo mismo pero al final del tema. Cinco temas de diez (porque el undécimo es una versión preciosa a dos voces junto a La Bien Querida, piano y cuerdas de Eclipse) donde tenemos una forma, una estructura muy similar o casi calcada. A esto le sumamos que no hay contrastes muy marcados entre las diferentes partes (con alguna excepción, Verona tiene cosas muy guapas), con partes instrumentales muy llamativas, pero que al entrar la voz se ablandan. Y esto tiene relación con el siguiente punto, pues no puedo evitar fijarme en las letras de SÔBER. Esto es algo que lleva discos dándome vueltas a la cabeza, desde Letargo, y es que son todas muy “arcoíris”, siempre en busca de la libertad o la autosuperación y autodeterminación, con toques de melancolía esperanzada. Me recuerdan a EL CHOJIN, pero siendo menos introspectivas, más complacientes, más hacia el Síndrome de Wendy que hacia una verdadera crítica o autocrítica como es costumbre en el rapero. Iba a poner algún ejemplo concreto, pero es que el 90% de sus letras son así. Hay alguna con el mismo mensaje, pero con más agresividad en su ejecución como Superbia (bastante más reflexiva), InsectoArena, pero casi todas son del palo de Una vida por exprimir (otro temazo de los buenos), Blancanieve o Vulcano. Ahora llegamos a E-L-E-G-Í-A y es más de ese SÔBER, pero sin ninguna contrapartida contundente, tenemos esas letras tristes con esa luz llamada esperanza al final del túnel o esa ñoñería melancólica. Mi heroína me parece una balada con un mensaje personal muy bonito, Verona es una versión peculiar de la obra a la que hace referencia, pero el resto… es el SÔBER tras el lapso, pero sin el progresivo que estaba conquistando nuestros oídos. Y lo peor… lo peor es que te gusta. La primera vez que escuché el nuevo álbum pensé: ¿sôber light? Escuché los anteriores discos para refrescar el oído y volví a pensarlo, pero sus letras se te pegan como una venérea, disfrutas del polvo y luego te arrepientes, cuando ya te quedas con el gusano musical todo el santo día.

Si tuviese que puntuar el disco me negaría, la calidad del arte no se debe cuantificar en una visión personal, pero lo recomendaría a pesar de mis últimas líneas. SÔBER es un buen grupo, pero le queda por ser perfecto, el contraste entre la música agresiva y el mensaje dulzón no le hace mucho a favor, la repetición de la estructura prototípica del rock/metal (en verdad de casi toda la música) de los tres tercios sin extralimitarse de una duración menor de 6 minutos dificulta mucho que innoven en ese campo, desperdiciando talento por someterse cuando hablan de libertad. Aun así, tienen grandes temas, son grandes músicos y yo sigo viendo un gran futuro a la banda. Llevan casi 30 años de carrera, pero les queda una vida por exprimir y tienen la libertad corriendo por sus venas, solo tienen que romper cadenas.

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